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Teatro Nacional de Guiñol

El Teatro Nacional de Guiñol: una institución prestigiosa

El Teatro Nacional de Guiñol emerge como la institución más prestigiosa del teatro de títeres en Cuba, fundado el 14 de marzo de 1963 en La Habana. Ubicado en los bajos del emblemático Edificio Focsa, en la calle M entre 17 y 19 en El Vedado, este teatro cristalizó décadas de búsquedas y aproximaciones artísticas iniciadas por los legendarios hermanos Camejo y Pepe Carril. La compañía, integrada por más de sesenta profesionales incluyendo cuatro directores artísticos y veinte actores, se convirtió en el reino del teatro de títeres cubano y la primera sala profesional dedicada exclusivamente a este arte milenario. Su fundación marcó un antes y un después en la expresión titiritera nacional, estableciendo las bases para el desarrollo posterior del teatro de figuras en toda la isla caribeña.

Pelusín del Monte y el repertorio universal

La identidad artística del Teatro Nacional de Guiñol se define por la creación de Pelusín del Monte, el emblemático personaje concebido por la escritora Dora Alonso que se convirtió en el títere nacional de Cuba. Acompañado por su abuela Doña Pirulina y una nutrida tropa de personajes, Pelusín trascendió las salas teatrales para conquistar también la televisión cubana. El repertorio del teatro abarca desde obras infantiles clásicas como La Cucarachita Martina, El Gato con Botas y La Cenicienta, hasta producciones para adultos de autores universales como Ubú Rey de Alfred Jarry, La Celestina de Fernando de Rojas, Don Juan Tenorio de Zorrilla y obras lorquianas como El Maleficio de la Mariposa. Esta diversidad programática consolidó al teatro como referente tanto para el público infantil como adulto, desarrollando una escuela cubana de títeres joven pero singular y atractiva.

Reconocimiento internacional


El Teatro Nacional de Guiñol ha alcanzado reconocimiento mundial a través de giras internacionales y participación en festivales en España, Italia, Polonia, Reino Unido, Argentina, México, Venezuela y otros países. En 1982 recibió el prestigioso Premio OLLANTAY otorgado por el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral de Caracas, consolidando su prestigio internacional. La sala original, con capacidad para más de 150 espectadores y un escenario de ocho metros de ancho por seis de fondo, permanece cerrada desde 2019 para una renovación capital que incluye clima refrigerado y tecnología moderna. Actualmente dirigido por Rubén Darío Salazar, el teatro mantiene actividades virtuales mientras aguarda la reapertura de su histórica sede en el Focsa, prometiendo convertirse en un espacio renovado a la altura de las mejores instalaciones teatrales del mundo, perpetuando la tradición titiritera que los hermanos Camejo y Carril situaron en la historia cultural cubana.​​​​​​​​​​​​​​​​