InicioExplora › Teatro Martí

Teatro Martí

Un ícono arquitectónico del siglo XIX: nacimiento del Teatro Irijoa

El Teatro Irijoa fue inaugurado el 8 de junio de 1884 por su constructor, Ricardo Irijoa, un empresario vasco que le dio nombre al edificio. Su diseño de impronta neoclásica destacaba por su monumentalidad: contaba con tres pisos, 560 lunetas, 44 palcos de verjas de hierro floreado y líneas de butacas en el anfiteatro, sumando una capacidad total para 2,500 espectadores. Sus famosas “butacas Irijoa”, fabricadas en maple y hierro colado, eran reconocidas por su comodidad y diseño innovador. La flexibilidad de la sala permitía albergar distintos tipos de actividades artísticas, consolidando al teatro como epicentro de la vida cultural habanera y desplazando al Teatro Tacón, mientras su imponente estructura y distribución lo convertían en un referente arquitectónico y social de la ciudad.

Entre conflictos y transformaciones: la dimensión política del teatro

La versatilidad del Teatro Irijoa lo convirtió en escenario no solo de espectáculos, sino también de eventos políticos y sociales de gran trascendencia. Entre ellos se destacan mítines y asambleas obreras, como la del 1 de mayo de 1891, que llevó a la intervención estatal y a la separación de Ricardo Irijoa de la administración del recinto. Posteriormente, sucesos adversos marcaron su historia, incluyendo el atentado de 1898 cuando una bomba explotó en el teatro, rebautizado como Eden Garden. Estos acontecimientos evidenciaron la importancia estratégica del espacio como centro de reunión y expresión popular. Las tensiones políticas transformaron temporalmente su función cultural, reflejando la compleja relación entre arte, sociedad y poder en la Cuba de finales del siglo XIX.

Renacimiento como Teatro Martí y cuna de la República

En 1899, el teatro reabrió sus puertas con el nombre de Teatro Martí tras su primera remodelación, conservando un ambiente popular y acogiendo teatro bufo, zarzuelas y obras líricas vinculadas a temas patrióticos. Su programación atrajo a públicos distinguidos, incluyendo la familia de José Martí y Máximo Gómez. Más allá de su rol cultural, se convirtió en escenario de hechos históricos: el 5 de noviembre de 1900, la Asamblea Constituyente sesionó en este teatro, elaborando el texto de la Constitución de la República. Allí también se discutieron las tensiones derivadas de la Enmienda Platt, convirtiendo al Teatro Martí en testigo privilegiado del nacimiento de la República cubana y en un símbolo de la convergencia entre arte, política y memoria histórica de la nación.