Conoce cómo se ordenaron los nombres de las calles de La Habana en 90 segundos
A principios del siglo XX, orientarse por las calles de La Habana era toda una aventura, y es que desde 1899, los nombres de las vías habaneras se habían vuelto un auténtico caos. En aquel momento existían calles con múltiples nombres, duplicados e incluso homenajes rimbombantes a personalidades extranjeras de dudoso mérito; mientras, el pueblo, seguía utilizando las denominaciones tradicionales, ajeno a tales cambios. Ante tal panorama, en 1928 el alcalde Miguel Mariano Gómez decidió poner orden. Creó una comisión de reputados intelectuales para estudiar el asunto, pero el proyecto naufragó con la disolución del Municipio, el cual fue sustituído por el Distrito Central.
No sería hasta 1935 cuando el nuevo alcalde Guillermo Belt retomó la tarea, encargando al historiador Emilio Roig un informe para regular de una vez la maraña toponímica habanera. El documento, convertido en decreto-ley, sentó las bases para clarificar el caos. Se conservaban los nombres tradicionales más arraigados en el pueblo y se eliminaban aquellos que resultaban ofensivos. Tampoco se permitía homenajear a personas vivas o fallecidas hace menos de 10 años. En nuevas urbanizaciones, una comisión aprobaría los nombres para evitar extravagancias.
Así, en 1935 La Habana recuperó por ley 104 nombres originales de sus calles. Solo un puñado de vías emblemáticas mantuvieron apelativos más modernos, por su fuerte arraigo popular. Una odisea que devolvió parte de la memoria perdida en este laberinto. Felizmente hasta hoy llegan los nombres de las calles Obispo, Mercaderes, San Ignacio, Oficios y Obrapía —por citar algunas—, mientras que en la barriada de El Vedado se mantuvo el sistema de números y letras que, desde su fundación se usó para denominar las vías.