La Plaza Vieja es uno de los espacios más eclécticos de la ciudad. Construida en 1559 representó el primer intento de ampliación de la ciudad.
Construida en 1559 y reconocida oficialmente como plaza en 1587, la Plaza Vieja representa el primer intento de ampliación de La Habana, tras destinar la Plaza de Armas a actividades militares. A diferencia de otras plazas coloniales, aquí no se levantó ni iglesia ni edificio administrativo, lo que le confirió usos múltiples: residencial, recreativo y comercial. Su carácter ecléctico se refleja en la diversidad de estilos arquitectónicos que la rodean, donde predominan las construcciones civiles con portales en la planta baja y balcones en los niveles superiores. Residencias aristocráticas como el Palacio de los Condes de Jaruco, de estilo mudéjar y con murales y techos de alfarje, recuerdan la vida de la alta sociedad criolla que habitaba este entorno en los siglos coloniales.
Al recorrer la Plaza Vieja, el visitante descubre residencias que hoy combinan memoria histórica con nuevos usos culturales. En la esquina de Muralla y Mercaderes se levanta la Casa de los Franchi Alfaro, con una portada barroca singular y un arco doble que desafía apoyos, donde funciona el legendario Café Escorial, uno de los más antiguos del lugar. También destaca el edificio Romagosa, de estilo ecléctico, que actualmente acoge la escuela primaria Ángela Landa. Imponente resulta el Edificio Gómez Vila, el más alto de la plaza, cuya Cámara Oscura, regalo de la Diputación de Cádiz, permite observar vistas en tiempo real de La Habana. Junto a él, la Casa de Juan Rico Mata alberga hoy la Fototeca de Cuba, punto clave para los amantes de la fotografía.
En la Plaza Vieja conviven la tradición colonial y la vitalidad contemporánea, ofreciendo al visitante una experiencia completa. Frente a la intersección de San Ignacio y Teniente Rey se encuentra la antigua residencia de las Hermanas Cárdenas, sede del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y anfitriona del Salón Nacional de Arte Contemporáneo. Los espacios de arte se mezclan con una vida urbana animada que invita a detenerse y disfrutar. Entre las propuestas más visitadas están La Factoría, con su cerveza artesanal y música cubana en vivo, el acogedor Café Escorial, ideal para un café con historia, y restaurantes como La Vitrola o Azúcar Lounge & Bar, que seducen con buena comida, ambiente moderno y un marco arquitectónico de gran valor patrimonial.