El terreno relativamente aislado del centro de la villa, conocido como «la Ciénaga», dio lugar con el paso del tiempo a la Plaza de la Catedral.
El terreno anegadizo y relativamente aislado del centro de la villa, conocido como «la Ciénaga», dio lugar con el paso del tiempo a una de las plazas de mayor importancia arquitectónica y urbana de la ciudad. Rodeada de varios edificios claves, los más notables son, en primer término, la Catedral de La Habana, con cuya terminación en 1777 adquirió su imagen edilicia definitiva, y después los tres palacetes de Aguas Claras, Peñalver y Pedroso, que ofrecen el sello típico de la antigua gran residencia particular habanera de la época colonial. El espacio, que luego alcanzaría una alta jerarquía social, por largo tiempo sirvió como punto de abastecimiento de agua por la existencia de un aljibe en el lugar y después porque allí desembocó la rama principal de la Zanja Real, primer acueducto de la ciudad.
La Plaza conjuga en su espacio la monumentalidad de los inmuebles con el intimismo dado por sus dimensiones relativamente reducidas y su carácter cerrado. La coherencia visual se logra por la existencia de portales y el uso de la piedra caliza conchífera, expuesta en las fachadas de las casas de los Condes de Casa Bayona y de Casa Lombillo, y de los Marqueses de Arcos y de Aguas Claras luego de su restauración hacia 1935. En esta ocasión se remodeló también la edificación conocida como Casa de Baños, en la esquina de San Ignacio y Callejón del Chorro. En comparación con las demás edificaciones que rodean la Plaza de la Catedral, la construcción de la «Casa de Baños» se puede considerar reciente.
Se edificó a finales del siglo XIX sobre el antiguo aljibe del que se aprovisionaba de agua la ciudad y la flota y en el que desaguaba la Zanja Real. Fue el primer establecimiento de baños públicos que existió en Cuba. Cuidadosamente restaurado por la Oficina del Historiador de la Ciudad, el antiguo edificio está ocupado hoy por una galería de arte en su planta inferior y viviendas en el segundo nivel. En cuanto a plazas, las que más sabor de época tienen son la Plaza de Armas y la Plaza de la Catedral. Ambas son dignas de cuidado y es que sin duda, son los rincones coloniales más bellos de la ciudad.