Visita la plaza más antigua del centro histórico, justo en el corazón de La Habana.
Reconocida como el espacio urbano más antiguo del centro histórico, la Plaza de Armas es el corazón de la Villa de San Cristóbal. Debe su nombre a Diego Fernández de Quiñones quien, acorde al poder conferido por su cargo como alcalde de La Fuerza, tomó posesión de la plaza convirtiéndola en campo de ejercicios militares. Se reconoció entonces como Plaza de Armas, sin dudas un bautizo que perduraría en el tiempo. Años después, al construirse nuevas fortalezas con áreas apropiadas para la práctica militar, la plaza adquirió un carácter popular como lugar de esparcimiento. A partir de 1772 y en las próximas décadas su fisionomía fue modificándose, embelleciendo los alrededores con nobles edificios, jardines, fuentes y bancos para comodidad de los transeúntes.
Convertida en el salón de la aristocracia habanera, resonaron en ella noches de retretas y animadas tertulias. La Plaza de Armas se erigió así en el epicentro social de una floreciente urbe que encontró aquí su lugar de reunión predilecto. Testigo mudo del devenir de la ciudad desde su fundación en el siglo XVI, este lugar resguarda el eco de las glorias pasadas. Hoy la plaza recibe al visitante con la imponente belleza de sus edificios centenarios: el Castillo de la Real Fuerza custodia su entrada norte con la Giraldilla, vigía perpetua en lo alto de su torreón; el Palacio de los Capitanes Generales representa el antiguo poder militar español sobre la Isla; y el Palacio del Segundo Cabo, joya del barroco criollo con sus arcos y columnas, testimonia las comunicaciones entre la metrópoli y sus colonias.
En el centro de la plaza, rodeada de jardines, se alza majestuosa la estatua en mármol blanco de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria cubana, la cual sustituyó en 1955 al monumento del rey Fernando VII. Próximo a la plaza se encuentra el diminuto Templete, monumento neoclásico que marca el sitio exacto de la primera misa y primer cabildo de la villa de San Cristóbal de La Habana en 1519. La Plaza de Armas palpita al compás de la vida cotidiana de los habaneros. Es un sitio que, adaptado a los tiempos, no pierde su encanto original y hoy continúa como nostálgico testigo de un pasado que la ciudad abraza con orgullo, manteniendo viva la memoria histórica de Cuba en cada una de sus piedras centenarias.


