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Sitio histórico

La Catedral de La Habana

El terreno relativamente aislado del centro de la villa, conocido como «la Ciénaga», dio lugar con el paso del tiempo a la Plaza de la Catedral.

Catedral de La Habana: el barroco cubano en su máxima expresión

La Catedral de La Habana se erige como el monumento más emblemático del barroco cubano, un estilo que alcanzó su pleno desarrollo en el siglo XVIII. Su fachada frontal no deja lugar a dudas sobre su filiación estilística; la composición ascendente exhibe un equilibrio arquitectónico notable, estructurada elegantemente por columnas adosadas. Frontones, nichos y cuadrifolios completan la decoración, mientras que las volutas añaden un movimiento visual dinámico.

La concavidad frontal crea efectos lumínicos extraordinarios, y la cornisa intermedia serpentea con notable elegancia. El remate superior presenta quiebres audaces e innovadores, y los espirales laterales adquieren dimensiones inusitadas, singularizando la obra arquitectónica. Este contraste con las torres austeras sorprende visualmente, ya que sus superficies lisas contrastan con la ornamentación central, una dualidad que intriga a los estudiosos contemporáneos.

Historia constructiva y transformaciones significativas

Las obras de construcción de la Catedral comenzaron en 1748, con Lorenzo Camacho labrando la portada de Loreto y los jesuitas gestionando la construcción inicial. Sin embargo, su expulsión en 1767 paralizó los trabajos, y una explosión portuaria dañó la Parroquial, motivando la reanudación de los trabajos para trasladarla. La construcción concluyó finalmente en 1777, y en 1787 se le otorgó el rango catedralicio, llegando a albergar los restos de Cristóbal Colón. Hacia 1814, se realizaron reformas neoclásicas, sustituyendo los altares barrocos y transformando significativamente los espacios interiores, reemplazando los techos originales de madera por yeso simulando bóvedas nervadas. En 1950, Cristóbal Martínez Márquez dirigió reformas que culminaron con la construcción de techos en piedra, y en 1935 se restauró completamente el atrio.

Significado arquitectónico y legado cultural

Tradicionalmente, la atribución de su diseño recae en Pedro de Medina, aunque la certeza es incierta. La fachada resume todo un estilo, siendo a la vez su excepción más notable, lo que la hace extraordinaria en el contexto nacional. La planta conserva su configuración cruciforme inicial, con tres naves que distribuyen el espacio interior armoniosamente, y capillas laterales que completan la distribución espacial. Una cúpula corona majestuosamente el crucero central, alcanzando las dimensiones de 34 metros de ancho. Gruesos pilares dividen las naves principales estructuralmente, y ocho capillas laterales completan el conjunto religioso. La Catedral es, por tanto, resumen y excepción a la vez. Aunque existieron otras fachadas barrocas contemporáneas en Cuba, como la iglesia de Paula y San Francisco de Asís, estas presentaban una definición más diluida. La Catedral permanece como un símbolo arquitectónico nacional.