El Templete es una de las obras que mayor influencia ha ejercido en el desarrollo de la arquitectura cubana.
El Templete es una de las obras que mayor influencia ha ejercido en el desarrollo de la arquitectura cubana. A su destacada presencia en la Plaza de Armas se debe en gran medida la evolución que tuvo lugar en el siglo XIX de las formas del llamado «Barroco cubano» hacia aquellas vinculadas al neoclasicismo. El inmueble es un caso singular de construcción conmemorativa concebida como edificio y no como simple monumento. Posee una doble función: señalar el sitio en el que, según la tradición, se celebraron la primera misa y el primer cabildo de la naciente villa, en 1519, y, a la vez, servir de marco físico para el despliegue de tres obras del pintor francés Jean Baptiste Vermay, una representando la misa, otra el cabildo y la tercera, que ocupa la pared central, donde fue colocada más tarde, la inauguración del monumento el 19 de marzo de 1828. La construcción, concebida inicialmente para también homenajear a la Reina Josefa Amalia de Sajonia, adquirió con el tiempo otra función: guardar las cenizas del pintor establecido en La Habana en 1816, donde fundó la Academia de Pintura «San Alejandro», y las de su esposa, que se conservan en una urna de mármol ubicada en el centro del salón.
La edificación es un pequeño templo de ascendencia grecorromana, ubicado con fondo al mar y con frente a la Plaza de Armas. Su elegante sencillez y acertadas proporciones le otorgan un carácter monumental a su fachada, compuesta por un pórtico de columnas dóricas que sostiene un friso decorado y un potente frontón en cuyo centro se ubica una inscripción conmemorativa de la inauguración. Su fachada, retirada de la plaza, presenta pilastras con capiteles dóricos en correspondencia con las columnas del portal, mientras su techo es circundado por una amplia cornisa. El edificio se encuentra elevado sobre una grada perimetral de tres peldaños de piedra de Jaimanitas y en sus pisos interiores se empleó el mármol.
La tradición de darle la vuelta a la Ceiba en El Templete de La Habana Vieja es una costumbre arraigada en la cultura cubana que simboliza la búsqueda de buena suerte y prosperidad. Cada año, los habaneros se congregan alrededor de este emblemático árbol, plantado en 1792, para realizar un ritual que consiste en dar tres vueltas alrededor de su tronco, mientras piden deseos y hacen ofrendas. Esta práctica se ha convertido en un acto de fe y comunidad, donde se entrelazan creencias religiosas y supersticiones, fortaleciendo así la identidad cultural de los habitantes de la ciudad. La Ceiba, considerada sagrada en diversas tradiciones afro-cubanas, se erige como un punto de encuentro que une a generaciones en la celebración de la esperanza y la continuidad de las tradiciones.


