Entre 1945 y 1947 se construyó en la concurrida intersección de L y 23, el edificio Radiocentro, la primera obra en estilo moderno que tuvo una verdadera incidencia urbana.
El 3 de marzo de 1946, los hermanos Mestre colocaron la primera piedra de lo que se convertiría en Radiocentro - Cine Yara, ubicado en la estratégica intersección de las calles L y 23. Esta construcción no solo fue una de las primeras obras modernas con una notable incidencia urbana en La Habana, sino que también sentó un modelo a seguir para numerosos arquitectos posteriores, marcando el camino hacia la modernidad en la arquitectura cubana. El complejo se inspiró en el Rockefeller Center, adoptando una distribución en tres volúmenes formalmente independientes, pero interconectados, para albergar distintas funciones: cine, oficinas y estudios de televisión. El edificio presentaba un basamento que alojaba actividades públicas y comerciales, y fue inaugurado el 23 de diciembre de 1947. El cine, con una capacidad original de 1.650 espectadores, requirió un permiso especial debido a su altura, que excedía las regulaciones urbanas de 1931, sentando un precedente arquitectónico importante.
El diseño de Radiocentro - Cine Yara fue obra de Emilio del Junco, Miguel Gastón y Martín Domínguez, quienes incorporaron plenamente los preceptos del racionalismo, llevando la arquitectura moderna a una nueva escala en Cuba. Martín Domínguez Esteban, arquitecto vasco, aportó su visión vanguardista, mientras que los ingenieros de Purdy and Henderson, una firma estadounidense, aportaron su experiencia en el ámbito estructural. La construcción representó un punto de inflexión tanto cultural como arquitectónico en Cuba, con un impacto significativo en la sociedad.
En 1950, Radiocentro - Cine Yara obtuvo la Medalla de Oro del Colegio de Arquitectos, consolidándose como un ícono moderno habanero y un hito urbano fundamental. Su ubicación estratégica contribuyó a difundir el lenguaje de la estética moderna, que revolucionó la ciudad. La cercanía de la Facultad de Arquitectura y el campus universitario facilitó la adopción de este nuevo estilo y el surgimiento de un gran movimiento cultural. La Rampa, donde se ubicaba el edificio, se convirtió en un espacio culturalmente significativo, y la Avenida 23 se extendió posteriormente, sumándose otros cines como el Rampa, Riviera, Atlantic, y los cines ubicados en 23 y 12. Actualmente, el cine ofrece 1.464 asientos divididos en la sala principal, dedicada a la proyección de largometrajes, y dos salas menores para proyecciones de video. El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) administra una de las salas, y el Festival Latinoamericano de Cine utiliza sus instalaciones anualmente.