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Sitio histórico

Castillo del Príncipe

Para completar la defensa de La Habana se erigió El Castillo del Príncipe en la loma de Aróstegui, que cerró el triángulo defensivo de La Habana.

Una parte importante de la defensa de La Habana

Para completar la defensa de La Habana, después de la experiencia que dejó la invasión inglesa con la toma de la ciudad, se erigió El Castillo del Príncipe en la loma de Aróstegui que, conjuntamente con las fortalezas de San Carlos de La Cabaña y Santo Domingo de Atarés, cerraba el triángulo defensivo previsto para impedir el avance de tropas enemigas por tierra.

Costumbres militares en sus cimientos

El castillo del Príncipe respondió a los conceptos avanzados de la práctica militar de su época, entre los cuales se destacaba la construcción de «obras externas» situadas en el glacis general de la fortificación para garantizar el equilibrio defensivo del cuerpo principal. Su planta posee una traza pentagonal —introducida en América por los ingenieros españoles a partir del siglo XVIII y considerada como la más recomendable para este tipo de inmuebles— cuyos vértices están formados por dos baluartes, dos semibaluartes y un rediente.

Un ejemplo de obras militares del siglo XVIII

En el interior del recinto se contaba con plaza de armas, cuarteles, almacenes, iglesia y otras amenidades para la permanencia de la tropa. En el exterior, como obra de avanzada se construyeron dos revellines sencillos, ubicados en un amplio foso, y un túnel de sección abovedada que circunda la fortaleza —único ejemplo de su tipo en las obras militares habaneras del siglo XVIII— que permitía la circulación de los hombres bajo condiciones máximas de seguridad. Entre los variados componentes que integran el castillo, quizás los más singulares desde el punto de vista arquitectónico son las garitas: de planta hexagonal, semejante a las de Atarés, pero en este caso con una elaborada terminación en paredes y cubiertas. 

Entrada gratuita.